En un momento de crisis socioambiental sin precedentes, volver la mirada a un poema escrito hace ochocientos años puede parecer un gesto puramente estético. Sin embargo, el Cántico de las criaturas de San Francisco de Asís no es solo un himno de alabanza; es una propuesta de existencia y un modo de recibir la realidad que hoy necesitamos más que nunca.
1. Ni dueños ni extraños. Somos criaturas
La esencia del Cántico radica en reconocer nuestra condición de criatura. Ser criatura significa, ante todo, recibir: nadie ha comprado su existencia ni ha nacido por méritos propios. Francisco nos invita a desaprender la dinámica de la posesión y el dominio para abrazar la gratuidad.
En este horizonte, el ser humano no es el centro de un círculo perfecto ni un espectador externo. Somos presencias que reconocen otras presencias. Al llamar «hermano» al sol y «hermana» al agua, Francisco rompe la visión utilitarista que convierte al mundo en un simple almacén de recursos.
2. El poder de nombrar y hospedar
Para Francisco, nombrar es dar sitio. Sus versos no analizan ni explican la naturaleza; simplemente la nombran cantando. Este acto de nombrar a los elementos como hermanos implica reconocer un vínculo profundo y una responsabilidad ética de custodia.
- Hospitalidad. Cada palabra del poema se convierte en un gesto de acogida hacia lo real.
- Sencillez. Francisco compuso el poema en la «lengua de la gente» (dialecto umbro), creando una «choza humilde» donde todos pueden entrar y escuchar sin jerarquías eruditas.
3. Un canto que nace de la herida
Es fundamental recordar que el Cántico no nació en un jardín idílico. Brotó cuando Francisco estaba enfermo, casi ciego y sumido en la oscuridad. Esta paradoja es vital: la verdadera alabanza es capaz de sostener el dolor y la fractura sin caer en la evasión.
El poema integra incluso las realidades más difíciles:
- El perdón. Francisco añade una estrofa sobre el perdón como clave de reconciliación; sin él, el canto no es posible.
- La hermana muerte. Lejos de ser algo que ocultar, la muerte entra en el coro de las criaturas como el parámetro que enmarca la finitud gratuita de nuestra existencia.
4. Hacia una ecología integral
El Cántico es el preámbulo espiritual de lo que hoy llamamos ecología integral. Esta visión nos recuerda que el cuidado del medioambiente es inseparable de la justicia social. La crisis ecológica actual nace de un «paradigma tecnocrático» que busca el dominio ilimitado; la respuesta franciscana es una conversión ecológica que ve la realidad como un tapiz de interconexiones donde todo está vinculado.
Una invitación a nacer de nuevo
Habitar el mundo como un «cántico» implica aceptar nuestra vulnerabilidad como una condición de libertad auténtica. Como bien se señala en las fuentes, necesitamos «nacer dos veces»: una a la carne y otra al alma. San Francisco nos ofrece la música para ese segundo nacimiento, invitándonos a caminar descalzos sobre el barro, reconociendo que cada instante es un umbral y cada criatura es, verdaderamente, una hermana.
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