miércoles, 24 de septiembre de 2025

Aplicación de sentidos: Habitar la mirada. Reseña


LOZANO, Josep Mª.

Aplicación de sentidos: Habitar la mirada.

Cristianisme i Justícia. Colección Virtual Nº 27, 2025. 81pp.



En tiempos donde la imagen se consume con voracidad y la mirada se desliza superficialmente sobre lo visible, Aplicación de sentidos: Habitar la mirada se erige como una invitación a detenerse, a contemplar, a mirar con hondura. Josep M. Lozano, filósofo, teólogo y pensador humanista, nos propone en este Cuaderno un recorrido por el arte como vía de acceso a lo espiritual, como espejo de la condición humana y como espacio de revelación. Publicado en la Colección Virtual de Cristianisme i Justícia, el texto no es una historia del arte ni un tratado estético, sino una meditación personal que se convierte en experiencia compartida.


Una mirada que transforma

Desde la presentación, Lozano establece que su propósito no es explicar el arte, sino compartir cómo ciertas obras lo han transformado. La pregunta que lo guía —«¿por qué lloramos ante los cuadros?» — no busca una respuesta racional, sino abrir un espacio de espera, de resonancia espiritual. Mirar, para Lozano, no es un acto pasivo, sino una elección, una forma de habitar el mundo. Inspirado por John Berger y Otto Scharmer, el autor nos invita a cultivar una «cuarta persona»: una conciencia que nos atraviesa sin ser nuestra, que se manifiesta en el arte, el silencio y la contemplación.

Lozano propone que la calidad de nuestra vida depende de cómo miramos. La mirada no es solo percepción, sino transformación. En ella se cruzan la esperanza, la libertad y la espiritualidad. Esta idea se convierte en el hilo conductor del presente Cuaderno, que recorre la creación de diversos artistas como estaciones de un viaje interior.

Caravaggio. Claroscuro de la existencia

El primer artista que Lozano aborda es Caravaggio, maestro del claroscuro y de la emoción cruda. En obras como La muerte de la Virgen o La llamada de San Mateo, el pintor transforma la iconografía religiosa en una experiencia de conversión. Caravaggio no idealiza: muestra la verdad de las emociones vividas, la humanidad doliente, los marginados de Roma. Su pintura es una «convocación», una llamada a salir de uno mismo. Lozano lo vincula con la espiritualidad de Madeleine Delbrêl, quien veía el Evangelio en la gente de la calle. Caravaggio nos enseña a mirar en la sombra, a sentirnos parte del cuadro, a confrontar la polaridad que atraviesa nuestras vidas.

 Vermeer. Silencio y plenitud

Vermeer, el pintor del silencio, eleva lo cotidiano a lo sublime. En La lechera, por ejemplo, revela la plenitud de la humanidad en lo ordinario. Lozano conecta esta mirada con la espiritualidad ignaciana y el zen, donde Dios se encuentra en todas las cosas. Vermeer educa la mirada para ver desde el silencio, sin juicio, y nos invita a contemplar la intimidad del otro con respeto. Para Lozano, Vermeer es un maestro de oración, donde «la atención es la oración natural del alma».

Goya. Verdad incómoda

Goya, con sus Pinturas negras y Los desastres de la guerra, nos enfrenta a la brutalidad de la condición humana. Su obra no busca la belleza, sino la verdad. El perro, en su elocuente hermetismo, nos obliga a permanecer en un silencio abierto, sin juicio. Goya nos recuerda que mirar también es confrontar lo que no queremos ver, que la mirada puede ser denuncia, resistencia, compasión.

Maillol. Silencio en la materia

Maillol introduce el silencio en la escultura. Sus formas depuradas y armoniosas nos enseñan a encontrar belleza en el dolor, plenitud en el fragmento. Lozano destaca cómo Maillol revela que la belleza no surge a pesar de las carencias, sino en ellas. Su arte nos invita a aceptar la realidad incompleta y a descubrir la resonancia espiritual en la forma.

Rouault. Misericordia en la miseria

Rouault pinta paisajes desolados y figuras marginales —prostitutas, payasos— con una piedad extraña. Para él, Dios habita en cada hombre sufriente. Su obra cuestiona nuestra capacidad de juzgar y nos interpela con la pregunta: «¿irás algún día sin máscara?». El Miserere condensa su visión de una humanidad herida que espera compasión y salvación. Lozano lo presenta como un artista que nos obliga a mirar la miseria con misericordia.

Morandi. Transfiguración de lo simple

Morandi, con sus frascos repetidos, nos invita a detenernos, a mirar con paciencia y profundidad. Su obra es un antídoto contra la prisa y la voracidad. En ella, los objetos pierden su función para convertirse en presencias. Lozano destaca cómo Morandi revela que en lo ordinario ya está todo presente, y que la mirada puede transfigurar lo cotidiano en sagrado.

Rothko. Umbral del silencio

Rothko, con sus campos de color, nos obliga a entrar en la pintura, a suspender la sobreestimulación y a educar la mirada. Su obra es una meditación sobre el vacío y la impermanencia. La Rothko Chapel, espacio ecuménico, se convierte en una paradoxa donde el visitante es visitado, y donde el yo se disuelve en lo sagrado. «Silence is so accurate» (el silencio es tan preciso), dice Rothko, y Lozano lo toma como clave para ver cuando no hay nada que ver.

Chillida. Espacios para el espíritu

Chillida-Leku es descrito como un lugar al que hay que volver. Sus esculturas, pesadas pero ligeras, crean espacios no funcionales que son morada del espíritu. Chillida valora el «conocer al conocimiento» y propone dibujar con la mano izquierda para que la sensibilidad no vaya por detrás de la técnica. En obras como Elogio del horizonte, el artista explora la promesa del horizonte como algo que se desplaza con nosotros, abriendo la conversación espiritual.

Notas y apuntes: Plensa, Catany y Viola

En la sección final, Lozano incorpora algunas otras voces, como son:

  • Jaume Plensa. Con sus esculturas de letras, nos recuerda que cuidar el silencio es cuidar la palabra. Nos invita a descubrir nuestras palabras verdaderas y a indagar en lo desconocido de nosotros mismos.
  • Toni Catany, a través de la fotografía, propone captar el instante decisivo, hacer visible lo invisible y construir altares profanos en lo cotidiano. Su oración «¡Ayúdame a mirar!» resume, de alguna manera, el espíritu de este cuaderno.
  • Bill Viola, con su videoarte, dilata el tiempo y nos devuelve al silencio primordial. Su obra es una iniciación a la meditación y a la calidad humana a través de la tecnología.

En definitiva, Josep Mª Lozano nos deja abierta la vía de la contemplación del arte como camino para renovar la mirada, para encontrar a Dios en todas las cosas, en aquellas nombradas como sagradas como también en aquellas definidas como profanas. Lozano nos invita a cerrar los ojos, a vivir firmes, a tocar gentes y cosas como si fueran Él, y a descubrir que en la contemplación de lo extraño y lo ajeno vamos resucitando sutilmente, en silencio, en Presencia.

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