jueves, 5 de febrero de 2026

Jesús de Nazaret: el maestro y místico que habita en nuestro interior

 

En un mundo que enfrenta desafíos constantes, el dogma religioso tradicional parece no ofrecer las respuestas adecuadas para calmar la sed de autenticidad de nuestra alma. 
El mensaje de Jesús, sin embargo, trasciende las fronteras de cualquier institución, pues la idea más generalizada es que Jesús pertenece a todo el mundo y no es un monopolio de ninguna religión.

El camino hacia el corazón

El verdadero camino espiritual no es un aprendizaje externo, sino un viaje hacia el corazón, hacia nuestro propio centro. Para sanar el mundo, primero debemos sanar nuestras almas heridas y dejar de actuar de forma violenta y destructiva hacia nosotros mismos y hacia los demás. Jesús se presenta no como una imposición, sino como un «hermano mayor» y una fuerza espiritual que es presencia interior en cada uno de nosotros.

El poder del perdón y la unidad

A menudo creemos que la seguridad reside en vivir a la defensiva, pero el místico comprende que lo que realmente nos protege de las tormentas de la vida no es la agresividad, sino el perdón. En este sentido:

  • la culpa es la herramienta del ego: genera un dolor inmenso y nos mantiene en la ilusión de que estamos separados.
  • somos unidad: en la dimensión de la mente, todos somos uno, y el pensamiento de separación es solo una sombra que oculta el sol.
  • la regla de oro: tratar a los demás como nos gustaría ser tratados, reconociendo la bondad del alma ajena más allá de sus errores.

Una responsabilidad compartida

Estamos en un momento de cambio histórico donde es necesario desaprender las formas de actuar arraigadas en la guerra y la avaricia. Somos responsables de los efectos que provocamos con nuestra vida; estamos aquí para transformar el mundo convirtiéndonos en luz.

El nacimiento místico de Jesús ocurre cada vez que abrimos nuestro corazón y manifestamos un amor incondicional. Al invocar este amor, nos convertimos en canales de una energía que constituye la realidad suprema y que es capaz de devolvernos la unidad primordial que nuestras almas anhelan.

Practica hoy el silencio: siéntate con la espalda derecha, respira con delicadeza y, al expirar, deja ir toda tensión y preocupación. En ese silencio, experimenta la serenidad de tu guía interior. Él está ahí.